El día que dibujé y abrí, una ventana.

Venía de tener cierto éxito con la primera colección de mis creaciones. Pero de repente la cosa dejó de funcionar, se agotó al mismo tiempo el interés de la gente y mi capacidad de seguir desarrollando creativamente aquellos objetos. Abrumado por esa realidad, llegó el día en el que entré en crisis. Crisis que me llevaría al día que descubrí que cualquier creación tiene un mundo propio más allá de nuestros deseos y creencias. El día que decidí convertirme en explorador de esos mundos, en la humilde pluma que los descubre al resto del universo.

Pero vayamos por partes, narremos lo que me ocurrió en los días posteriores a mi crisis:

Ya no sabía que hacer, así que ante mi desesperación me planté ante aquellos objetos y les pedí una solución.

… Y me respondieron… me susurró cada uno 5 palabras.

Me emocioné.

A las dos horas de suceder el milagro me di cuenta de que esas palabras eran solo palabras, y que no me daban ninguna solución. En apariencia.

Pero era lo único que tenía, así que me obsesioné con ellas, con las palabras. Limpié mi estudio, limpié las paredes y en su superficie las coloqué. Cogí una silla y me senté frente a ellas, ante las palabras.

No se que tiempo estuve así, pero ocurrió que en algún momento me levante de las silla y comencé a agruparlas en el espacio, a buscar sus conexiones que señalaba con hilos de colores, a dibujar el mapa.

Ya estaba todo enlazado, solo una de esas conexiones resultaba extraña. Tuve que mover un par de palabras y reconectarlas de nuevo. Fue poner la última chincheta sobre la pared y sentir aquella extraña vibración.

Me aparté de la pared, y cuando mi visión abarcó el conjunto pude ver que aquello ya no era un mapa, era una ventana. Y a través de ella podía ver a todos los objetos que había creado en su propio mundo, viviendo, creciendo y multiplicándose.

No lo dudé, cogí una manta, el termo lleno de té, mi cuaderno y unos rotuladores. Y salté por la ventana.

Al principio se asustaron un poco y se escondieron ante mi presencia. Pero fui paciente, me senté en el suelo sobre mi manta y me puse a describir el entorno, aquel ecosistema. Al poco empezaron a aparecer de nuevo. A observarme con curiosidad, al poco me ignoraron y siguieron con sus vidas. Algunos llegaron a acercarse más y a susurrarme al oído historias sobre su mundo. Yo me limité a tomar nota de todo, y ahí descubrí que eso es lo que quería hacer en la vida.


¿Como sería la ventana por la que mirarías a tus creaciones en su mundo? ¿quieres que saltemos por ella y descubramos lo qué nos tienen que contar? pulsa este botón de “aventurarse”.


O quizás quieras saber un poco más de mi… entonces pase por aquí

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